Así es la vida. Sí, estamos de acuerdo que la vida es cómo dicta cada
día. Latigazos dolorosos nos envía cuando necesitamos amor, y el dolor se
infunde de palabras sin sentido, que son capaces de hacernos llorar y también
son idóneas de hacernos reír. En un círculo vicioso se ha de transformar la
vida, cuando no sabemos su salida.
Comienza su erudición con un canto armonioso de bienvenida. Concordamos todos que el inicio es un indicio
de nuestro futuro. Nos forjamos con caídas y alabanzas. Somos el fruto de
pasiones exacerbadas que invitan al prójimo a querernos y a cuidarnos. En una moneda de cambio se transforma nuestra
sonrisa. Nuestros débiles huesos crecen como nuestras experiencias y se hacen
fuertes, como nosotros nos hacemos de una coraza resistente al frio y al calor,
pero no al dolor de los golpes que nuestra cercanía nos da.
Surcamos desde pequeños todos nuestros conocimientos clasificando las
veracidades y los infundios, haciéndonos testigos de las mentiras más grandes
del ser humano más vil, y de las verdades del buen samaritano. La importancia
que damos a un rumor es tal, que somos capaces de mirar con ojos de diablo al
sujeto más angelical, para así desmenuzar su mentira y trapear con él hasta que
sea un objeto inerte dentro de todos nosotros.
La alegría llega cuando menos lo esperamos. Los individuos que son
capaces de entregarnos una gota de ese enriquecido e intangible elemento, son
dichosos de ser venerados y halagados. No sabemos si confiar en alguien o no
porque la sociedad se encarga de hacernos individualistas, lo cual se lleva de
la mano con el amor propio y más con el egocentrismo. Si nuestras vidas fueran
clasificadas por los ojos eclesiásticos de un religioso, seríamos los seres más
pecaminosos del terruño que nos rodea. Si fuésemos exhortados a llevar el bien,
lo haríamos mal, porque el mal “nos hace bien”.
Disfrutamos nuestra vida como nadie y reímos por ello. Solemos estar
felices por momentos, pero de un minuto a otro cambiamos de humor. Pensamos en
la bipolaridad pero no caemos en un pozo profundo sin luz ni vida. Queremos
todo bien hasta que algo o alguien comete un error y desviamos nuestra atención
de lo puro a lo oscuro. Las respuestas nunca llegan solas, solas vienes las
razones para que existan preguntas que busquen esas respuestas.
Intentamos refugiarnos en un mundo sin compasión. La defensa es la
ofensa del resto y arrastramos polaridades que todos nos imponen. Deseosos
estaremos algún día de esa paz sin recelo, de la sensación de amor y paz que
nos prometen con palabras baratas y gestos sin alma, personas que lucran con tu
seguridad y mortales que buscan invadir tu privacidad.
Inmersos estamos todos a ese raciocinio inerte e intangible del daño,
que sólo los extraños podemos ayudar en remendar los restos dolorosos que nos
dejan los golpes que llevamos como carga durante gran parte de nuestras vidas.
Seguramente todos alguna vez hemos recibido ayuda de un personaje desconocido
para nosotros, hasta el momento en el cual nos hacemos cercanos con éste, invitándolo
al apego y apoyándolo en su carrera por ser participe en nuestras vidas.
Me ha sucedido variadas veces en convertirme en aquel desconocido que
llega en los momentos oportunos. Me tomo desmerecidamente las atribuciones del
caso, y me sumerjo en tentaciones que con responsabilidad logro sacar adelante
hasta en transformarme en un conocido desconocido.
No cabe duda
que hay veces que pecamos de intrusos, pero siempre lo hacemos buscando el bien
común, no la desdicha de causar problemas ni tampoco la osadía de crear
conflictos.
Solemne suenan los vítores de halagos y cariño de las personas que
reciben tu cooperación. Suele suceder que hay veces que sin pensarlo hacemos
cosas que para otros son lógicamente una opción sin tener que pensarlo: no
hacer nada. Hacer nada no es hacer nada, al no hacer nada estamos haciendo sólo
una cosa: nada
.
Muchos individuos se encargan de amargarnos la existencia y algunos son
capaces de lograrlo. Otro son más reservados y no se esfuerzan por realizar
algo, sólo son ellos y no molestan a nadie salvo cuando algo que no puedan
hacer solos lo deban hacer con compañía y ahí si aparecen,
o cuando llega el momento en que explotan y derrochan todo su poder oculto en
hacerte entender algo.
Pero bueno, nadie el igual que el que está al lado tuyo, ni siquiera un
par de gemelos o mellizos, todos somos individuos que nos hacemos camino en una
vida llena de pecados y miserias, desigualdades y errores, con algunos mortales
beneficiosos para toda la sociedad y muy pocos personajes que logran dejar un
legado en todos nosotros.
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