Doscientos años desde la primera Junta de Gobierno se cumplió el 18 de septiembre de dos mil diez, pero nuestra independencia no fue ese día, y el verdadero bicentenario será el 12 de febrero de 2018.
La Plaza de Armas es un enjambre de cemento, ese cemento frío, pero lo poco verde que tiene se agradece cuando necesitamos el frío de la sombra de un árbol, o cuando es cómodo usar el pasto como si fuera una cama para poder reposar.
Llevo pocos minutos sentado en una banca de la plaza y la cantidad de extranjeros es abultada. Europeos, estadounidenses y discusiones se miran y escuchan como si fueran cuecas para Fiestas Patrias.
Desde la fundación de Santiago a manos de don Pedro de Valdivia el 12 de Febrero de 1541, nuestra ciudad ha sufrido muchos cambios. Construcciones y destrucciones, separadas por años de distancia o de manera simultánea, con motivos bélicos o simplemente para progresar.
Fiel reflejo es el lugar donde estoy situado ahora. La Plaza Mayor, como se conocía en la época colonial, reunía a la Iglesia, el actual municipio, que era la casa del Gobernador y un lugar que antiguamente era una cárcel y pequeños puestos de venta de artículos alimenticios formando una especie de "pequeño Mercado". En la actualidad, la Plaza de Armas en Santiago en un punto de inflexión dentro de la ajetreada ciudad, atestada por automóviles, vendedores de diversos artículos y locales comerciales, además de toda la gente nacional e internacional.
Recorrer desde Mapocho hasta Universidad De Chile es un placer utópico para quien la paz y la tranquilidad absoluta." (Ayer, en Plaza de Armas, 11:56 horas.)
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