Escondido en los callejones del olvido se anidan los bellos momentos que vivimos. Surco de lamentos y tristeza abrió la lagrima que derramaste, pequeña princesa de castillo sin blindaje. Lloraste sin sentido alguno y tus ojos se hincharon más que tu corazón destrozado. El fin no esperaste y llegó tan rápido como las nubes cuando llueve. Copos de nieves entablan tu despedida de la relación austera y frágil. El ruedo continuo te presentaba al mismo personaje sin avalar su expresa presencia, pero llegó la hora de partir y no fuiste capaz de valorar el tiempo de la estancia en la tierra.
Tienes la gloria arraigada en tu entorno, pero no tienes el vale que te acompaña el día en que se va tu cercano. Familia, amigos y conocidos se unen a la hora de despedir y tú no tienes coraje de hacerlo. La fecha expiró y nunca te acercaste a decirle te quiero, hasta que lo ves en la cripta. La flor se marchita lentamente cuando se arranca de la tierra, pero también se marchita cuando se descuida. La base de tus pies es un amovible piso que te deja caer al momento de decir adiós.
Valora a las personas que quieres y amas, y si vas a amar, que sea de verdad. No ames por cumplir, ama por sentir. Amar no es jugar, es una unión espiritual. Nadie tiene la vida comprada y no sabemos si al salir del hogar volveremos nosotros o si estarán los que se quedaron en casa. Tú, yo y todos somos esclavos del pasado y administradores del presente, pero el futuro no está comprado, por ende, valora lo valorable y elimina lo que puedes desechar. Si debes abrazar, hazlo, si debes decir un te quiero, hazlo, si debes emocionarte, llora, si debes alegrarte, rie, eso no lo podrás hacer cuando nos vayamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario